Acerca de El Árbol de Gustavo Fontán

Por Oscar Álvarez

En busca del Tiempo Perdido

A partir del próximo estreno de su última realización, recuperé algunas sensaciones de El Árbol, película de Gustavo Fontán que había visto hace ya unos años atrás.

Esta  crónica tardía es acorde, de alguna forma, con la sustancia del film.

Porque El Árbol se construye a partir de intuiciones sobre el pasado… ¿presente? Reflexionando en cada fotograma sobre el tiempo, sobre su paso, sobre nuestros sentimientos y en definitiva, de una manera cotidiana y profunda, sobre la vida y la muerte.

Creo recordar, que el propio Fontán habló en algún momento de una estructura narrativa mínima en su película. Aunque esencial, la anécdota es suficiente: los padres del director conversan sobre la conveniencia de derribar o no el viejo árbol de la vereda y así transcurre el tiempo, entre lavadas de patio, tareas artesanales en familiares estancias, ecos de los juegos infantiles,  té servido a los amigos y familiares en las tardes de Banfield y  manchas de humedad que se extienden por las paredes.

Y aunque la mera enumeración ya es evocativa, el realizador hace palpable, como pocos, el paso tiempo y con él su inasible existencia transmitiéndonos la melancolía por lo ido pero que resuena todavía, impreciso, en nuestro interior. No sabemos por qué pero esas fotos familiares que parecen de pronto diluirse y de pronto volver a  ganar nitidez, mientras las risas de los chicos pueblan la casa, nos remiten a esos instantes perdidos y nunca olvidados del alma infantil que en cada uno de nosotros habita. Y también  está ahí la discusión de los padres acerca de si es conveniente o no mantener con vida ese testigo del pasado que está en la vereda, si no es en definitiva una lucha que ya está perdida o si todavía hay esperanza, como dos posturas nucleares ante la vida, la muerte, el olvido y no sé cuantas cosas más.

Con  un sonido evocativo y una imagen reflexiva que nos conmueven extrañamente en cada plano, el hecho de que los protagonistas sean los verdaderos padres del realizador, que la casa sea la casa paterna, que el árbol en cuestión sea parte de esa realidad, son elementos que le otorgan  al relato una rara cualidad metafísica  al mantenerse en un  límite difuso entre lo que vemos, lo que ¿palpamos? y lo que sentimos.

El dolor inherente a la conciencia de la existencia por saberla finita, el milagro de los afectos que pueblan la misma, la tenacidad por la tarea artesanal cotidiana y simple que intenta la vida una vez más sin rendirse ante la evidencia, el crepitar de las brasas en la tarde que finalmente se va. La levedad y la gravedad de la vida misma. Todo esto está presente en El Árbol pero hay más: lo que la película hace descubrir y crecer en el corazón de cada uno de sus  espectadores.

Gracias.

El árbol (Argentina/2006). Guión y dirección: Gustavo Fontán. Fotografía y cámara: Diego Poleri. Montaje: Marcos Pastor. Sonido: Javier Farina. Con Julio Fontán y María Merlino. Presentada por Primer Plano. Hablada en español. Duración: 65 minutos. Calificación: para todo público.

 

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