Una película y la memoria

Por Oscar Álvarez

El cine muchas veces se mete en nuestras vidas por el atajo de los recuerdos. Nuestras valoraciones de algunas películas no se establecen por sus méritos cinematográficos, sino por aquello que representaron en su momento y representan aún hoy, ligadas a los sabores, los olores y los sonidos de nuestra memoria.

Hoy voy a hablar de una de esas películas: “El mundo está loco, loco, loco, loco” y seguramente el recuerdo será caótico, contradictorio e inasible, en fin… como todos los recuerdos.

Recuerdo entrar por la mullida alfombra en la inmensa sala del incendiado Nogaró, sentarme mirando a la concurrencia con ojos de asombro, que se harían mas grandes cuando la pantalla se iluminara de imágenes porque “El mundo…” era la primera película que usaba el nuevo sistema de 70 mm de pantalla ancha.y sonido realmente estereofónico

Aún resuena la melodía de la apertura, como de feria, con sus trompetas, trombones, flautas y cuerdas y de nuevo escucho cuando ataca el coro voceando que el mundo está loco, loco, loco, (It’ s a mad, mad, mad, mad world) y allí Jimmy Durante “estira la pata”, literalmente, no sin antes dejar de mencionar que el “tesoro está oculto debajo de la Gran W”. De nuevo Buddy Hackett de la mano de Mickey Rooney conduce por primera vez un bimotor(o cualquier avión) y atraviesa de manera imposible un cartel carretero con los ojos inconmensurablemente abiertos y un rezo en los labios, mientras los Tres Chiflados miran como asombrados bomberos sus acrobacias aéreas. Y Jonathan Winters arrasa con su furia vengadora la estación de servicio y los desesperados empleados tratan de enfrentarlo mientras este los arroja como muñecos contra las paredes como si fueran integrantes de los Keystone Cops y sigue persiguiendo, implacable, a un taimado Phil Silvers, que toma de su propia medicina cuando, bajo una tierna guía infantil,  cruza con su auto el lecho supuestamente poco profundo de un arroyo …hasta que desaparece de la superficie  En fugaz secuencia Jerry Lewis maniobra juguetonamente su auto para aplastar un sombrero policial y se aleja feliz de su travesura. Por ahí anda Joe Brown dando un discurso y mira con su enorme bocaza abierta como una pequeña multitud baja peligrosamente por la escalera de incendio de un edificio(y quizás diga para sí  que “nadie es perfecto”), al tiempo que la suegra de Ethel Merman apostrofa por enésima vez a un hastiado Milton Berle y su edípico hijo Dick Shawn arremete lloroso contra un británico Therry Tomas, al tiempo que Peter Falk conduce pleno de locuacidad su taxi y, demasiado fugaz, el genial Buster Keaton corre de un lado para otro sin saber qué hacer, como si eso sólo no bastara.

Al fin, agobiado por su esposa e hija, Spencer Tracy entra en escena como el policia que busca el tesoro malhabido adelantándose y previendo cada uno de los movimientos de la alocada caravana de los que en cualquier medio, tratan de llegar para hacerse de la inesperada fortuna, para finalmente él mismo huir con la valija del tesoro bajo sus brazos.

Con el tiempo me enteré que la intención de Stanley Kramer, su director, fue homenajear, y de alguna manera volver, a las comedias del Slapstick y por eso tantas entrañables caras de la historia del humor y el cine, tantas alocadas persecuciones, tantos golpes, tantos vuelcos y choques.

Seguramente se puede decir que la película fue un suceso de público y quizás no tanto de crítica. Que, con sus casi tres horas de extensión, su  duración podría haber sido menor y que esto hace que algunos gags no funcionen debidamente. En aquel momento yo sólo era alguien transportado a un mundo de alegría esencial, pura e ingenua.

En realidad todo lo otro… para los recuerdos no importa

Para mí, allí entro de nuevo, pisando la mullida alfombra y me siento en la inmensa butaca, mis pies no llegan al suelo y ¡gracias a Dios! la pantalla está lo suficientemente alta como para ver con los demás. Y la banda ataca de nuevo los conocidos acordes. Y a uno, a pesar de la propia torpeza, le dan ganas de bailar por las calles. Y el sabor a chocolate inunda la boca. Y Tracy, Merman, Keaton, Lewis y los suyos comienzan con sus rutinas. Y la pantalla ilumina mi cara y la de mi madre y ella ríe y yo río con ella, porque de eso se trata la felicidad.

NdeR: En un capítulo de Los Simpsons, Homero el vigilante aparece un ladrón que se hace llamar “El Gato”, que luego de cometer robos por toda la ciudad es capturado por Homero “El Gato”, desde prisión, informa al pueblo que escondió un enorme tesoro con todos sus robos debajo de una gran letra “T”, dicha noticia moviliza a los habitantes de Springfield para encontrarlo. Toda la escena con la gente intentado llegar lo más rápido posible al lugar es una parodia de la película, incluso se ve a Barney, Patty y Selma volando en un avión, el cual se estrella en un letrero, tirando trozos cuando lo atraviesa. La escena del hombre ahogándose en el río también pertenece a la película. (wikipedia.org)

“El mundo está loco, loco, loco, loco” (It’s A Mad, Mad, Mad, Mad World -1963)

Director: Stanley Kramer Intérpretes: Spencer Tracy, Milton Berle, Sid Caesar, Buddy Hackett, Ethel Merman, Mickey Rooney, Dick Shawn, Phil Silvers, Terry-Thomas, Dorothy Provine, Edie Adams y Jonathan Winters. Apariciones de: Jerry Lewis, Buster Keaton, Jim Backus, Jimmy Durante, Joe Brown, Jack Benny, Los Tres Chiflados, Andy Devine, Carl Reiner y otro

 

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