Cavalo Dinheiro de Pedro Costa

Por Jorge Cappelloni

“No hay lamentos, solo mutaciones interminables y significaciones perdidas.
Virajes microscópicos en el corazón de las palabras. La memoria está vacía, porque uno olvida siempre la lengua en la que ha fijado los recuerdos”.
Ricardo Piglia,La Ciudad Ausente.

Siempre hay marcas y huellas de la alteridad en la filmografía de un director que sin embargo permiten reconocer el propio lenguaje, la propia voz. Pedro Costa logra con Cavalo Dinheiro una obra que resume y expande sus anteriores trabajos agrupados en la trilogía “Letters from Fontainhas”: Huesos (1997), En el cuarto de Wanda (2000) y Juventud en Marcha (2006).

En este nuevo film vuelve a desnudar la fragilidad del alma humana, utilizando el fuera de campo visual, sonoro y espacial para registrar en un tono íntimo que pulsa en cada toma, en cada gesto, el universo pasado de lo que perciben sus personajes y el presente de lo percibido, poniendo además en escena el compromiso político (autoral / ético) entre el dispositivo digital que los captura y lo capturado.

Como un orfebre va construyendo en los claroscuros de los planos fijos del encuadre,la honda caracterización de cada personaje: Ventura, Vitalina, Tito Furtado, son apenas algunos de los caboverdianos que representan a muchos más inmigrantes. El director consigue la empatía necesaria que le permite la proximidad de hombre y cámara, acercar su mirada que agazapada parece dar cuenta y testimonio de esas vidas y sus recuerdos.

La barriada de Fontainhas ya no es el lugar que albergara a sus habituales personajes. El espacio de la periferia de Lisboa que contuviera a esos lúmpenes desclasados que subsisten en búsqueda de una vida mejor, ha dejado de existir. El barrio fue demolido quedando plasmado durante el rodaje del film El cuarto de Wanda. Y Cavalo Dinheiro viene a confirmar la sentencia incontrastable de esta desaparición, que condena a sus personajes a un perpetuo deambular en las márgenes de un nuevo exilio, interior, doloroso, pleno de viñetas y fugaces reminiscencias, de aquellos atisbos que perduran en la memoria de lo vivido en el pasado, junto a los fantasmas personales que se tornan reales.

Lejos de su patria, su historia, su familia y sus pertenencias, es poco lo que pueden atesorar esos inmigrantes, solo un lenguaje de susurros e imágenes de otros tiempos, canciones y melodías tradicionales que se entonan a lo largo del film.

Ya sin su espacio de pertenencia y con su salud deteriorada, Ventura deambula por un hospital, por una vieja fábrica, por un bosque, por escenarios espectrales, pero también navega por su (frágil) memoria y por las propias evocaciones que lo han anclado inexorablemente en los sucesos del 25 de abril de 1974, durante la Revolución de los Claveles en Portugal. Una fecha que persiste, que surca todo el film y se hace corpórea en la escena (¿ensoñación?) donde Ventura – sin mediar palabra aunque dialogado en off – permanece varios minutos en un ascensor del hospital encerrado con un soldado. Adversarios políticos durante la revolución, las partes son confrontadas en el presente y se interpelan mutuamente.

El dinero también es otra pieza fundamental, es presencia o ausencia que se denota en el relato atravesando todo el film, de un modo alusivo en su título (refiere al nombre del caballo de Ventura dejado en Cabo Verde) o hasta en las propias palabras del protagonista frente a la posibilidad de su obtención o perdida (a través de su pensión o de su contrato laboral).

También hay algo en el propio Pedro Costa que denota cierta imposibilidad de continuar en la senda de sus anteriores trabajos. La puesta del cineasta se ha tornado aún más minimalista, teatral, con mayores referencias pictóricas y escenas musicales. Ha reducido su equipo técnico y de actores, fruto también entre otras cuestiones formales en su admiración por el trabajo de Danièle Huillet y Jean-Marie Straub plasmado en el documental Où gît votre sourire enfoui? (2001), registro de la pareja de cineastas que en la mesa de montaje de su película ¡Sicilia! (1999), libraban una lucha discursiva fotograma a fotograma sobre el compromiso y la ética cinematográfica.

Los ecos de Où gît se enlazan invisibles en Cavalo Dinheiro. Hasta el punto en que el director logra esparcir esa intimidad de sus personajes y hacer discurrir el film no solo en un sentido poético sino político, situándolo no en la mera denuncia de las condiciones de pobreza de esos inmigrantes de las barriadas marginales lisboetas, sino en el campo de la alusión.

Es en el montaje de la película donde Costa retoma la noción del binomio Straub y Huillet para quienes el cine se halla en la sutura de los planos y parece coincidir con Jacques Ranciere: “La política del cine no es la denuncia, es el montaje.”

Ficha Técnica
Cavalo Dinheiro,
(Portugal, 2014, 104′)
Dirección y Guión:
Pedro Costa
Fotografía: Leonardo Simões, Pedro Costa
Sonido: Olivier Blanc, Vasco Pedroso
Edición: João Dias
Productor: Abel Ribeiro Chaves
Productor Ejecutivo: Rodrigo Damaso
Compañía Productora: OPTEC, Sociedade Óptica Técnica
Intérpretes: Ventura, Vitalina Varela, Tito Furtado, Benvindo Tavares

Exhibida en la Competencia Internacional del 29° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata,22 al 30 de noviembre de 2014 y Sección Panorama, 17° BAFICI, 15 al 25 de abril de 2015.

 

Los comentarios están cerrados.