Ciudadano Arruti

Como en aquella mítica y fundacional pelicula de Orson Welles, El Padre de Mariana Arruti se introduce en el misterio de conocer a una persona, con todo lo incierto que tiene el proceso de tratar de saber la verdad sobre alguien, cualquiera que sea -más aún si es el propio padre- sin caer en maniqueismos ni en facilismos, aunque eso pueda ser profundamente doloroso.

Pero el problema va más alla todavía, porque su muerte entraña otro misterio, político, histórico… policial. Si la forma de encuesta que constituía la película de Welles la dotaba de una estructura fragmentada, porque fragmentada siempre es esa ilusión de llegar a la verdadera esencia de toda persona, en El Padre no sólo es un recurso narrativo sino que es constitutivo: conocer la verdad sobre su padre y sobre las características de su desaparición necesariamente lleva a una investigación que convoca a quienes lo conocieron, a sus interpretaciones, a sus verdades, a sus secretos, a sus omisiones, a sus aciertos y errores.

Y esto hace el proceso doblemente doloroso, por el recuerdo en sí mismo y por descubrir las sombras en un pasado que antes, quizás por su desconocimiento, no las tenía.

Si el dolor por lo no vivido es algo que nos constituye y nos invade, toda vez que convocamos el recuerdo de nuestros seres queridos, si los momentos compartidos adquieren un significado que los excede, si la instancia muchas veces perentoria de pedir en vano la presencia de quien ya no está es una experiencia común a todo aquel que ha perdido un afecto, en el caso de El Padre esto adquiere ademas otra dimensión, la de la injusticia, probablemente la del crimen.

El documental de Mariana Arruti en su parte introductoria conduce a sus espectadores al muchas veces familiar sentido de la pérdida, con un entramado de distintos soportes que materializan las diferentes instancias del recuerdo y de la imaginación, he ahí su virtud inicial: la de convocar el dolor y la felicidad del recuerdo, una felicidad muchas veces imaginada más que vivida, un dolor omitido aunque muchas veces presente.

Por eso sus imágenes “re-crean” lo no vivido o recordado, haciendo palpable la ilusión sin dejar de hacernos notar que eso es en definitiva, una construcción de la memoria.

Y es en su segunda parte donde intenta recorrer las circunstancias de la muerte, oscuras y terribles cuando hablan de los hechos y luminosas y vitales cuando hablan de la persona, marcando los contornos, el clima de una época.

En ese viaje terrible y amoroso Mariana Arruti nos lleva de la mano hacia un destino que finalmente es su origen. Gracias.

Oscar Alvarez

NdR: El Padre se estrena el próximo 22 de septiembre en distintos cines del país.

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