Entrevista a Guillermo Glass,co-director de Dhaulagiri, Ascenso a la Montaña blanca

En coincidencia con el estreno en cines de Dhaulagiri, Ascenso a la Montaña Blanca de Guillermo Glass y Cristián Harbaruk, FelliniA Tierra de Cine tuvo la oportunidad de conversar con uno de sus directores, Guillermo Glass,quien  nos cuenta su experiencia de vida junto a sus amigos montañistas argentinos (Christian Vitry, Sebastián Cura y Darío Bracali), quienes en 2008 partieron al Himalaya para ascender a la cima del Dhaulagiri, una de las 14 montañas de esa cordillera que supera los ocho mil metros de altura.

La premisa era registrar y volcar todo la experiencia en un documental, pero la desaparición de Darío Bracali intentando en solitario hacer cumbre dejó trunco el material. Luego de cinco años retomaron la película para terminarla y reflejar no sólo aquella expedición deportiva sino el viaje introspectivo que vivieron cada uno de ellos,indagándose en lo sucedido y a modo de homenaje del amigo desaparecido.
Por Jorge Cappelloni

¿Cómo fue la situación de volver sobre el material que habían grabado ocho años antes y que los motiva finalmente a concluir el documental?

Fue un proceso que se fue dando de forma natural en mí, después de 5 años de haber vuelto del Himalaya me empezó a pesar más la necesidad de terminar el documental que el no hacerlo. Fue uno de los objetivos iniciales de la expedición que pensamos con Darío (Bracali) y sentía la necesidad de completarlo. De poder transmitir todas las experiencias vividas.

A partir de ese momento hubo que reconciliarse con el material, elaborar un proyecto, plantear nuevas premisas, volver a esbozar un guión y un presupuesto con el cual buscar financiación. Proceso que nos llevó tres enriquecedores años. Trabajamos buscando la manera de volver a re-tejer esa manta que nos vuelva a cubrir y sentir seguros. Al menos a mí. Buscando la forma de enhebrar una historia coherente con lo que sentíamos. Eran infinitas las posibilidades, fueron muchas las pruebas que hicimos. Pero acá está. Una historia sencilla, pero sincera.

Guillermo Glass & Dario Bracali en el Dhaugaliri.Crédito foto Sebastían Cura

Supongo que habrá sido una ardua experiencia tanto la filmación en el 2008 en esas condiciones en el Dhaulagiri (Himalaya,) como el shock emocional por la perdida de Dario, ¿qué nos puede contar al respecto?

Claramente no es sencillo realizar un registro audiovisual “en tiempo real” en una expedición de montaña. Lo que se grabó fue al mismo tiempo que sucedió, es decir, no se recrearon situaciones en el Himalaya, se grabó del Campo Base al Campo 1 mientras que se subía realmente. Y al llegar al Campo 1 había que armar el campamento, derretir nieve, hidratarse, comer, descansar… porque al día siguiente había que subir al Campo 2… y así sucesivamente. Es decir, todo sucede de la misma manera que cualquier otra expedición en la que todos se focalizan solamente en la faz deportiva, pero acá yo debía encontrar los momentos para generar un registro audiovisual. Y los “momentos libres” a nivel deportivo los ocupábamos 100×100 con lo audiovisual (testimonios, recursos, planos bonitos, etc.). Los equipos de trabajo audiovisual en montaña siempre son mínimos y es vital que todos estén involucrados en lo que se va a hacer. Yo tuve suerte en poder contar y apoyarme en un equipo como éste donde todo estaba claro antes de ir a la montaña y todo funcionó de manera muy orgánica.

Para cuando nos enteramos lo que estaba pasando con Darío en la parte superior de la montaña, nosotros ya estábamos en el Campo Base tratando los dedos de Sebastián (Cura), que se iría en el primer helicóptero para intentar salvarlos. Claramente fue un shock para nosotros. Sebastián se encontró entre la necesidad de irse y la voluntad de quedarse. Yo me quedaría sólo en este Campo Base esperando la bajada de Christian (Vitry). Fueron momentos de mucha angustia. Por suerte estábamos rodeados de muchos montañistas de trayectoria que nos contenían y nos hacían lecturas a las informaciones que llegaban.

Días después, cuando finalmente me voy de la montaña, yo seguía convencido en que Darío bajaría en algún momento. Sensación que me duró mucho tiempo.

La película permite al espectador apreciar no solo ese mundo intimo del montañista, en su cotidianidad, los desafíos y peligros en la inmensidad de la montaña, sino también un viaje interno de ustedes desde la actualidad hacia ese pasado en un intento por comprender lo sucedido. Mas allá de obrar como un homenaje al compañero desaparecido, ¿qué otros valores cree pudieron transmitir a través del film?

Al retomar la película después de ese impasse de cinco años teníamos en claro que no sólo se contaría aquella expedición deportiva por parte de cuatro amigos argentinos a una de las montañas más altas del planeta. Si bien era el puntapié inicial, existía toda una reflexión posterior que cada uno había librado internamente sobre lo sucedido. Con el nuevo eje de volvernos a juntarnos y compartir un nuevo ascenso aflorarían éstos sentimientos y reflexionaríamos sobre lo que nos paso. Buscaríamos respuestas a tantas preguntas que teníamos. Intentaríamos, a través del documental, cerrar esa herida abierta y que sirva para trabajar temas mas generales como la amistad, el trabajo en equipo, el amor a la vida, el valor que tiene ir detrás de tus sueños o de tu pasión -como esencia del ser-, o como uno elige la forma en que quiere vivir. Y que esos son valores importantes para transmitir a nuestros hijos, sea el camino que sea.

Finalmente ¿Que experiencia le dejó en lo personal tanto aquel sueño grupal de ascender al Dhaulagiri, como finalmente poder concluir y estrenar esta película?

El ir al Dhaulagiri fue una experiencia que me cambio la vida, que me marco para siempre. En mi modo de entender la vida, en aspectos esenciales, pequeños. Fue una experiencia muy enriquecedora más allá de la tragedia. Ninguno de nosotros nos arrepentimos de lo vivido o haber ido detrás de nuestros sueños.

El poder terminar la película me permitió completar un objetivo primario de aquella expedición y cumplir con lo que era mi responsabilidad, y eso fue liberador. Creo que podría sintetizarlo en PAZ, haberla terminado me genera paz, tranquilidad, la tranquilidad del deber cumplido. Era un sendero que tenía que recorrer, que tenía que transitar para poder sacarme esa mochila que tanto me pesaba pero que debía cargar. Terminar el documental fue mi cumbre en el Dhaulagiri.

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