«Infinite Football» de Corneliu Porumboiu

El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad.¡Por favor!”.
Memorias de un wing derecho.
Roberto Fontanarrosa
.

por Jorge Cappelloni

En su segundo documental el director Corneliu Porumboiu vuelve a focalizar su mirada en el deporte, específicamente en el fútbol como sistema de construcción de un relato que permite ir decorriendo veladas zonas del ser humano y de la sociedad rumana.

El director de 12:08 Este de Bucarest ofrece en este opus una cierta continuidad en apariencia de su primer acercamiento al tema en Second Game (2014), donde el material de archivo presente en la retransmisión televisiva de un partido de fútbol entre Dinamo y Steaua jugado en la nieve en 1988, permitía al propio cineasta junto a su padre – arbitro de ese match- apelar a la memoria para reelaborar los recuerdos de esa experiencia, confrontando pasado y presente frente al receptor, y esbozar una solapada crítica a la situación sociopolítica de Rumania.

En el caso de Fútbol Infinito (2018) el propio director entrevista en su pueblo natal a Laurentiu Ginghina, un personaje referido por un amigo de la infancia y a quien el cineasta acompaña a lo largo de los 70 minutos del metraje.

Ginghina es un personaje en si mismo, devenido en ex jugador de fútbol producto de una lesión en tibia y peroné, ex trabajador de una fábrica, emigra a los EE.UU. para probar fortuna y luego de trabajar varios años en una granja en Reno,Nevada,el atentado a las Torres Gemelas dificulta su estancia como extranjero en ese País. Hoy es un rutinario empleado público del pueblo de Vaslui,que devanea con férreo convencimiento en pos de imponer sus conceptos revolucionarios para modificar el fútbol.

Es así que Ginghina esgrime diversas teorías para liberar a la pelota “el balón es la estrella” sostiene, en un intento de racionalizar este deporte y su práctica a través de desmontar diversas reglas del juego como el offside, la división del campo en zonas específicas y asignadas a los jugadores, las esquinas de los campos redondeadas, minimizar el esfuerzo físico de los jugadores, etc,etc. en un intento de revisión de las normas futbolístas con una perspectiva que plantea innumerables interrogantes y cuestiones a veces absurdas o confusas.

Esta curiosa teorización del personaje se basa en sus estudios y variantes que expone sea en una pizarra, o en la escena donde algunos de sus conceptos son puestos en práctica con dispar fortuna en un campo de juego. Es lo que él ha denominado Fútbol 2.0, un sistema en permanente progresión (versiones 2.9, 3.0 o incluso 4.0) que deviene infinito.

Planteada en estos términos la película aparenta ser trivial, una anécdota sobre este hombre gris y sus ansias de revolucionar las reglas deportivas.Sin embargo con el correr de los minutos esta nimiedad se revela más amplia,se acrecienta, para brindar percepciones un tanto mas complejas y reflexivas sobre el sentido de la vida.

Una escena en particular es reveladora de ello.En medio de la entrevista donde Ginghina describe sus funciones burocráticas en su lugar de trabajo,ésta es interrumpida por el ingreso de una anciana que con su hijo acuden al funcionario para tratar de resolver un tema hereditario de tierras, que viene de años de litigio.La cámara sigue registrando esta intromisión, que opera como un halo de luz de la realidad que se filtra por una mirilla y se entromete en el filme,escapando al control nos permite escudriñar en la herencia de un pasado autoritario legado en estos tiempos.

Esta situación incluida en el montaje final de la película configura una decisión que remitiría también en alguna medida al film Policía Adjetivo (2009) donde se sugería más allá de la narración, una velada forma de exponer el autoritarismo latente en la época post Nicolae Ceaușescu.

¿Es Fútbol Infinito la lucha de un utopista por imponerse a un sistema de reglas futbolísticas esquemáticas?.Tal vez lo sea.

¿Es Fútbol Infinito un documental que como su personaje intenta desde un despojado minimalismo una suerte de crítica y contrapunto,una historia individual, de sueños y convicción personal frente a los grandes negocios deportivos hipermediatizados del mundo actual? Tal vez lo sea.

¿ Es Fútbol Infinito una suerte de indagación personal de Porumboiu donde todos los caminos conducen al fútbol -como estrategia deportiva y táctica, como reflexión personal y colectiva sobre el deporte y la propia vida,sobre la historia y el contexto donde se desenvuelve? Tal vez lo sea.

En momentos donde el deporte en general y en especial el fútbol se asemeja a una suerte de virus que se reproduce y expande globalmente a la conquista de nuevos mercados, el filme resulta una suerte de relato introspectivo sobre una forma utópica.

Su personaje Laurentiu Ginghina es una rara avis revolucionaria, que vive una doble vida,como él mismo manifiesta: una mundana signada por la rutina y el infortunio y otra donde anhela revolucionar el deporte como si fuera un superhéroe (émulo de Clark Kent o Peter Parker).

El colega italiano Aldo Spiniello caracterizaba al film como “fútbol utópico” y escribía una reflexión muy lúcida: “La Utopía, quizás es aquella soñada por Porumboiu que en los devarios de un “revolucionario” parece reconocer el deseo de una “tercera vía”, lejana de la homologación del mainstraim y de la cárcel de la planificación dictatorial”(1).

El documental permite entonces desplegar múltiples aristas desde un aparente estado de familiar trivialidad,el intercambio discursivo en la pantalla de Porumboiu – Ginghina a sabiendas o no, nos brinda más allá de las elucubraciones deportivas del personaje, una cálida y poética reflexión sobre la condición humana.

(1) © Aldo Spiniello, www.sentieriselvaggi.it ,18/02/18.
Film exhibido en la edición 34° del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

© 2019 FelliniA Tierra de Cine