Cursos: Sautet y Techiné por Marcos Vieytes

Fechas: Sábados 24 de noviembre, 1°, 8 y 15 de diciembre de 17 a 19:30 hs. Lugar: Avda. Congreso y Avda. Cabildo, Belgrano, CABA. Valor: Curso completo: $1000.- Clase: $250.-
Informes e inscripción: marcosvieytes@hotmail.com / 15-6554-4721 / 4784-1292.
Sábado 24: análisis de Las cosas de la vida (1970) -Sábado 1°: análisis de Vincent, Francois, Paul y los otros (1974)- Sábado 8: análisis de Mado (1976)- Sábado 15: análisis de Una historia simple (1978).


Entre 1956 y 1995, Claude Sautet dirigió 14 películas. Tuvo éxito de público durante la década del 70, cuando filmó como ninguno y más que ninguno a Romy Schneider (Las cosas de la vida, Cesar et Rosalie, Una historia simple), y cierto prestigio crítico en la primera mitad de los 90 gracias a sus dos últimas películas (Un corazón en invierno y El placer de estar contigo), pero nunca fue maldito ni canónico, dos formas de conseguir protagonismo. Alrededor de la actriz austríaca, tres o cuatro actores, entre los que se destacan Michel Piccoli, Yves Montand y Serge Reggiani, encarnaron un retrato colectivo de la pequeña burguesía urbana francesa. Debajo de la superficie realista y poco estridente de su cine, hay una concepción fabulosa de la puesta en escena, elaborada a partir de la sintética narración del cine estadounidense de los 40 y 50 (Classe tous risques, con Lino Ventura haciendo de criminal y padre de familia). El género, entonces, le sirve no como un fin en sí mismo, sino como el marco adecuado para expresar tipologías psicológicas universales en una coyuntura social precisa. El trabajo con sus actores es afín al del sistema de estrellas del Hollywood clásico, pero el contexto cotidiano en el que actúan privilegia un tipo de identificación menos idealista. Sereno en apariencia, el cine de Sautet es poderoso y a menudo devastador. Si el primer plano era una piedra basal de Hollywood para edificar al ídolo, la funcional dinámica del plano y contraplano es fundamental en las películas de Sautet y hace con ella prodigios de sutileza dramática y emocional. Porque el plano-contra plano de Sautet establece una relación íntima que siempre incluye a un tercero ausente y presente a la vez. Durante el rodaje, ese tercero era él mismo, que provocaba alteraciones en la puesta por la atención a detalles técnicos (cambios de lentes entre uno y otro plano, tamaño de los marcos, encuadre por arriba o debajo de los hombros), tanto como por la precisa y paciente dirección de los actores, a quienes dirigía emocionalmente conteniéndolos y alterándolos según el caso. Esa batería de recursos imperceptibles repercute en el inconsciente del espectador, que comparte un grado de intimidad inusitado con los personajes, y sustituye al director como tercera figura del plano, desde la que el deseo parte o sobre la que pivotea. El cine de Claude Sautet funciona en modo solitario y en modo social. Del primero participan especialmente Max y los chatarreros y Un corazón en invierno, y del segundo César y Rosalía y Un mal hijo. Al modo solitario también podríamos llamarlo autista habida cuenta del tiempo que los personajes de ambas pasan encerrados en sus pensamientos, muy a menudo a bordo de sus autos. En las otras, el ensimismamiento individual es sustituido por retratos de grupos compuestos por personajes que se relacionan consigo mismo y con el entorno más o menos fluidamente. Las preocupaciones son mucho más cotidianas, el dinero no es una abstracción sino el medio para unos fines precisos que el espectador no desconoce, y los cuerpos ocupan un lugar concreto en el espacio.
Curso André Téchiné
Fechas: Miércoles 21 y 28 de noviembre, 5 y 12 de diciembre de 19:30 a 22 hs.
Lugar: Avda. Congreso y Avda. Cabildo, Belgrano, CABA.
Valor: Curso completo: $1000.- Clase: $250.-
Informes e inscripción: marcosvieytes@hotmail.com / 15-6554-4721 / 4784-1292.
Miércoles 21: análisis de Hotel des Amériques (1981)
Miércoles 28: análisis de J’embrasse pas (1991)
Miércoles 5: análisis de Mi estación preferida (1993)
Miércoles 12: análisis de Los ladrones (1996)
Téchiné tiene 75 años y no para. Filma con una vitalidad que pocos manifiestan, sean jóvenes o viejos, y que se despliega en el ritmo de sus películas. Es uno de los pocos directores en los que la inestabilidad de la cámara funciona sin molestia ni redundancia. En parte porque la duración de sus planos es corta. También porque son orgánicos, una de las más hermosas formas de abstracción narrativa actual. Y porque el género enmarca esos procedimientos, que no disimulan su naturaleza convencional y, gracias a la asunción de ese marco, funcionan sin la obligación de trascenderlo o refutarlo propia del más ampuloso cine “independiente”. Téchiné filma melodramas sociales en pleno siglo 21, como en su momento los italianos, mexicanos y argentinos, pero trasciende el chato realismo progresista contemporáneo porque piensa sus películas en términos cinematográficos para hacérnoslas sentir. Sus asuntos, antes que políticos o literarios, son estéticos. Primero está la pasión vital, luego la puesta en escena apropiada para transmitirla sin neutralizar el impulso, finalmente lo demás. Es el gran cineasta de la violenta velocidad virtual contemporánea, sin más necesidad de trucos que los analógicos del montaje y la relación física entre cámara y cuerpos en movimiento. Un solo plano suyo vale por películas enteras de Olivier Assayas, su discípulo.

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