Filmoteca en vivo – Clásicos de Artkino

El 41

Clásicos de Artkino – Entrada Gratuita en la ENERC (Moreno 1199 – CABA)

Cinco obras maestras en 35mm., conservadas por la familia Vainikoff.

Viernes 21

23hs. PASARON LAS GRULLAS (Letyat zhuravli, URSS-1957) de Mikhail Kalatozov, c/ Tatyana Samoylova, Aleksey Batalov, Vasiliy Merkurev, Aleksandr Shvorin, Svetlana Kharitonova, Konstantin Kadochnikov. 96’.

Al comienzo de este excepcional film, las grullas surcan el cielo hacia el sur anunciando la llegada del larguísimo invierno que iba a traer a la Unión Soviética la Segunda Guerra Mundial. Al final vuelven a hacerlo, pero en dirección contraria, presagiando la primavera que significaría el fin del fascismo. Cuando Kalatozov y su director de fotografía Sergei Urusevsky afirman que “Pasaron las grullas” nos están diciendo que las rígidas pautas del realismo socialista están derritiéndose y que el proscripto formalismo puede volver a usarse para narrar una historia con un lirismo y una libertad expresiva tan inmensos, que los ojos de los espectadores de todo el mundo volvieron a posarse sobre el cine soviético. Texto de Luis Ormaechea.

Sábado 22

19hs. OCTUBRE (Oktiabr, URSS-1928) de Sergei Eisenstein c/Vasili Nikandrov, Vladimir Popov, Boris Livanov, Layaschenko, Chibisov. 110’ aprox.

Ideada para conmemorar los diez años de la revolución, Octubre quizá sea la obra mayor de Eisenstein, aquélla en la que sus ideas vanguardistas sobre la organización del montaje cinematográfico se manifestaron en todas sus posibilidades creativas. Fue también una suerte de involuntario triunfo simbólico ya que, a falta de material rodado durante el verdadero octubre, en más de un documental aparece el film de Eisenstein ocupando su lugar. Aunque no es el único ejemplo posible, las escenas sobre Kerenski han pasado a la historia del cine como demostración del llamado “montaje intelectual”, que según el realizador implica pensar el montaje “como una colisión” en lugar de un simple vínculo entre las diferentes tomas. “De la colisión de dos factores dados, surge un concepto”.

Domingo 23

17hs. EL 41 (Sorok pervyk, URSS-1956) de Grigori Chukhrai, c/ Izolda Izvitskaya, Oleg Stiryanov, Nikolai Kryuchkov, Nikolai Dupak. 88’.

El número del título designa la cantidad de enemigos que ha derribado la infalible tiradora María Filatovna. El último, sin embargo, no ha muerto: es un oficial con información importante y la muchacha recibe el encargo de custodiarlo hasta que alguien pueda hacerlo hablar. Hasta allí el film sigue convenciones más o menos tradicionales del cine bélico, pero de pronto la guerra queda suspendida y la trama despega en otras direcciones. El tema ya había sido filmado en el cine mudo, pero esta versión dirigida por Chujrai (La balada de un soldado) se transformó en un clásico instantáneo, en buena medida gracias a las inolvidables imágenes del virtuoso fotógrafo Sergey Urusevskiy (Pasaron las grullas).

19hs. OTELO (URSS-1955) de Sergey Yutkevich, c/ Sergey Bondarchuk, Irina Skobtseva, Andrei Popov, Vladimir Soshalsky. 107’.

El deshielo cinematográfico que siguió a la muerte de Stalin permitió que los cineastas soviéticos se volvieran a conectar con las prodigiosas experiencias vanguardistas que habían realizado en la década de 1920. Yutkevich había sido parte de esa generación y, tras el letargo forzoso que le impuso el realismo socialista, desplegó toda su imaginación formal en esta versión de la tragedia de Shakespeare que nunca volvió a tener un tratamiento visual tan poderoso. Además de responder a esa pulsión artística, este film fue parte de una ingeniosa política cultural para vencer la resistencia de algunos países occidentales que ponían fuertes trabas al cine soviético, como Inglaterra y España. Al ejemplo de Yutkevich se sumó enseguida Grigori Kozintsev con sus magistrales Don Quijote, Macbeth y Rey Lear.

21hs. EL FASCISMO AL DESNUDO (Obyknovennyy fashizm, URSS-1965) de Mikhail Romm. Largometraje documental. 120’.

A partir de un nutrido material de archivo, que en parte sigue siendo muy raro a pesar del tiempo transcurrido, el realizador recorre la historia del nazismo alemán y -en menor medida- del fascismo italiano. El análisis no es cronológico sino conceptual y se desarrolla en forma de ensayo libre, con imágenes y texto en permanente contrapunto. Pese a la omisión de ciertas zonas de la historia comprometidas para la Unión Soviética, el film se distingue de los documentales convencionales por la habilidad con que maneja sus materiales y sobre todo por la suave ironía con que Romm presenta sus argumentos.

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