Filmoteca: Semana dedicada a Carl Dreyer

Del 23 al 27 de diciembre en la trasnoche de la TV Pública, Fernando Martín Peña y Roger Koza despedirán el año a puro éxtasis místico y cinéfilo, con una semana dedicada a un genio absoluto de la historia del cine: Carl Theodor Dreyer.

Dinamarca fue la cuna de este director, uno de los más talentosos e inclasificables del cine mundial. Dreyer es autor de más de una obra fundamental, maestro de los climas ominosos y las atmósferas inquietantes, obsesionado por la espiritualidad y la trascendencia. Exploró como pocos –con una visión estética exquisita–el vínculo del ser humano con lo profundo y lo sobrenatural.

Se exhibirán:

Lunes 23: LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO (1928); con Renée Jeanne Falconetti, Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon, Antonin Artaud y André Berley.

Historia del martirio de la heroína nacional de Francia contada por el danés Dreyer. El inconmensurable ego de los franceses no admitió fácilmente la visión de un extranjero sobre su virginal dama. Lo cierto es que Dreyer filmó una de sus obras maestras. Una película hecha con rostros que transmiten todas las emociones humanas como pocas veces se vio. Al juego de planos cortos y una iluminación que acentuaba los rasgos, hay que agregar la estupenda actuación de todos los actores. Los primeros planos de María Falconetti sufriendo son un ícono de la historia del cine. También actúan estupendamente un Antonin Artaud hierático y un todavía joven Michel Simon. Texto de Sergio Olguín publicado en Malba.Cine.

Martes 24: EL AMO DE LA CASA (1925); con Mathilde Nielsen, Johannes Meyer, Astrid Holm, Petrine Sonne y Karin Nellemose. Sobre la obra de Svend Rindon.

Ida, madre de dos niños, vive bajo la tiranía de su marido, un hombre duro y egoísta. Cuando cae enferma, por problemas de nervios, Ida tiene que irse de casa durante un tiempo. Durante su ausencia, una sirvienta anciana asume las tareas domésticas, alternado el rígido orden impuesto por el marido de Ida. Adaptación de una obra teatral de Svend Rindon.

Miércoles 25: VAMPYR (1932); con Julian West, Sybille Schmitz, Henriette Gérard, Jan Hieronimko, Maurice Schutz y Rena Mandel. Sobre la novela de Joseph Sheridan Le Fanu.

Un joven viajero se aloja en un extraño castillo, cuya atmósfera densa y enrarecida se vuelve alucinatoria. El joven comienza a tener espeluznantes visiones, de las cuales la más terrible es el descubrimiento de una mujer inconsciente que ha sido atacada por un vampiro. A pesar de trabajar por única vez en el reconocible terreno del horror, la aplicación del “estilo Dreyer” transforma los resultados en una de las grandes pesadillas de la historia del cine. “En todo caso, la pregunta acerca de cuan fiel es el filme a la novela Carmilla es una cuestión contenciosa. (…) En definitiva, lo importante es qué significa Vampyr en sus propios términos, como un objeto estético autónomo. Su lógica elíptica y onírica parece demandar, mucho más que la mayoría de las películas, una posible interpretación. ¿Qué es exactamente lo que hemos visto? ¿Es posible armar las piezas y obtener un significado?” (Mark Le Fanu)

Jueves 26: DÍAS DE IRA (1943); con Thorkild Roose, Lisbeth Movin, Sigrid Neiiendam, Preben Lerdorff Rye, Anna Svierkier y Albert Hoeberg. Sobre la obra de Hans Wiers Jenssen.

Dinamarca, siglo XVII, durante la era de la caza de brujas. Anna, la segunda esposa de un viejo y respetado pastor, se enamora de su hijastro cuando éste regresa al pequeño poblado. Cruzar las fronteras del estricto código moral del pueblo tendrá resultados desastrosos. Filmada durante la ocupación nazi de Dinamarca, el filme es un poderoso retrato de la indefensión individual frente a la represión social y la paranoia. “El realismo no es arte en sí mismo y sí lo es el realismo psicológico. (…) En Dies Irae no pretendimos que la interpretación fuera más o menos intensa, más o menos atenuada. No, nos esforzamos para que la interpretación fuera verdadera para crear hombres vivos y auténticos. Nos pusimos en guardia unos y otros contra lo falso y lo exterior” (Carl Th.Dreyer, Reflexiones sobre mi oficio).

Viernes 27: ORDET (1955) con Henrik Malberg, Emil Haas Christensen, Kay Kristiansen y Preben Leerdorff-Rye.

En un pueblo rural de Dinamarca, hacia los años 30, uno de los hijos del patriarca Morten Borgen cree que es Jesús y el segundo se declara agnóstico, mientras que el tercero se enamora de la hija de un creyente fundamentalista. El dramaturgo y sacerdote luterano Kaj Munk, autor de la obra en la cual está basado el filme de Dreyer, declaró alguna vez que el objetivo de todo arte verdadero es provocar un impacto en el alma. Siguiendo esas directivas a partir de un idiosincrático estilo de puesta en escena, y logrando uno de los finales más conmovedores en la historia del cine, el realizador danés narra la historia de una familia dividida por los conceptos de fe, santidad y amor. “La dirección de Ordet es en primer lugar una metafísica del blanco (…). El blanco es la base de todo, la referencia absoluta. El blanco es al mismo tiempo el color de la muerte y de la vida. Ordet es en cierta manera la última película en blanco y negro, la que cierra todas las puertas” (André Bazin, 1956).

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