La inquietud: El Guason, Parasite y otros

Si el arte es todavía algo en absoluto, debe ser algo real, parte y territorio de la vida, pero de una vida que en sí misma sea una negación consciente del estilo de vida establecido con todas sus instituciones, su entera cultura material e intelectual, toda su inmoral moralidad, su conducta exigida y clandestina, su trabajo y su esparcimiento.” Herbert Marcuse

Hay una sensación que en los últimos tiempos recorre distintas cinematografías del mundo. Por citar algunos films, es un tema común en El Guasón (EEUU), Burning (Corea), El precio de un hombre (Francia) y Parasite (Corea)

Una inquietud constitutiva de un estado de cosas. Quizás no sea casual que estos planteos comiencen a realizarse unos años después de la caída del Muro, momento a partir del cual sólo quedó vigente un único paradigma económico.

En todos hay un sentimiento de inquietud que los atraviesa y determina pero también está en su modo y resolución (y en su orígen) y adopta diferentes formas que en el fondo son la misma. Desde la narración tratada en clave más realista de El Precio de un hombre (Stéphane Brizé – de un mas ajustado nombre original: La Ley del Mercado) donde el personaje se ve “expulsado” de sus formas de vida de manera solapadamente brutal y trata con desesperación muda de instrumentar la vía (limitada pero vía al fin) de reintegrarse a su trabajo, en realidad a cualquier trabajo, y con esto al sistema productivo que define las relaciones de la sociedad en la que vive y con ello a la vida que llevaba hasta ese momento.

Con una formulación narrativa un poco mas abstracta, Burning (Lee Chang-dong) se plantea el otro lado que está detrás de estas catástrofes sociales enfocándose en quienes las llevan adelante, metaforizándolas (y no tanto) en los representantes de una clase económica que hace de la destrucción del débil el juego perverso con el que llena sus vacíos días. La película toma como disparador esa indiferencia (y sus bostezos) para avanzar en un estado de cosas donde el protagonista atraviesa un paisaje casí lunar, por desconocido y vanamente arido. En esta especie de pesquisa, precaria pero cada vez mas consciente de la monstruosidad de aquellos a quienes enfrenta, va a descubrir de una manera visceral un desenlace oculto y trágico.

De idéntica procedencia, Parasite (Bong Joon-ho) comienza extremando el clima de irrealidad de la propuesta, captando la vida de una familia de los que han quedado fuera del sistema y buscan ingresar a él de una manera salvaje, la única que les han permitido y conocen. Por esto no escatiman ningúna estrategia, ni tratan de disimularla mas allá del contexto donde por las formas pudieran ser mal vista, lo suyo no es la elegancia. Hay un permanente contrapunto entre un arriba y un abajo geográfico, social, económico, que materializa las diferencias. Diferencias límites en un momento donde la circunstancia climática marca definitivamente la imposibilidad de interacción literal y simbólica entre extremos de esa sociedad. Unos determinados por la desesperación de la sobrevivencia, otros por la banalidad de la opulencia. Y como el bostezo en Burning, aquí es el olfato el que marca la distancia última.

El personaje de El Guasón proviene de un comic, con la estructura maniquea de las historietas, donde hay buenos y malos totalmente definidos. Su iconografía actual proviene de una época donde los comics han tratado de complejizar (un poco) esa estructura binaria, dando cierta variedad al relato, dotándolo de humanidad, alejandolo de un trazo excesivamente grueso, plano, reiterativo y anticipatorio. Es este trazo grueso el que dificulta la lectura de Guasón en este contexto. La máscara de maquillaje funciona aquí remarcándonos en forma trágica, el devenir alucinado de su protagonista, al punto tal de que nos queda la duda que quizás el tercio final (y más aún) sea sólo producto de la imaginación del mismo, como lo es de forma más explícita su relación amorosa.

Pero es el desenlace el que aúna estos relatos en apariencia tán disímiles, es el estallido conclusivo de sus personajes que marca el punto final de la injusticia, el que los convierte en otra faceta de algo común.

Es la asordinada reacción del protagonista de El Precio de un hombre, que dice basta con su inacción última ante la demanda de sus superiores.

Es el plan salvajemente consumado de Burning que pone algo de equidad ante un crimen sin aparente motivo, originado en la vacuidad y crueldad de quien lo lleva a cabo.

Es la reacción feroz del Guasón en el programa de tv y la posterior rebelión en las calles, reflejo de la misma. Una demostración de que no es sólo el protagonista quien padece estas humillaciones.

Es la orgía de violencia casi caricaturesca que resuelve las tensiones acumuladas de Parasite y aunque concluye sin reivindicar a ninguna de las clases sociales que involucra, mira con piedad el sentimiento de común pertenencia de los mas desposeídos.

Y que cuando todo parece resolverse, mantiene latente la razón de las mismas, allá en los sótanos, como una advertencia a los tiempos futuros.

Oscar Alvarez

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