Luis María Mercado,director del film “Vigilia en Agosto”

«El desafío era componer con elementos cotidianos y llevarlos hacia un terreno ominoso o inestable, tratando de reproducir la experiencia de la protagonista en el espectador».

por Barbara Rocio Benitez

-¿Qué te inspiró para realizar esta película?
– Es difícil reconocer el germen primero que nos lleva a escribir una historia, el guión de una película. En el comienzo hubo un bosquejo que se parecía mucho a un cuento fantástico, con algo de ese mundo de Manuel Puig, muy de pequeña ciudad provincia. A partir de allí, fui construyendo el guión a partir de evocaciones y observaciones de mi entorno más próximo. El espacio que se intenta recrear en la película, se parece bastante al lugar donde yo crecí.

-¿Crees que cumpliste con el objetivo que te propusiste?
– Al principio tuve muchas dudas y pocas certezas, por mi escasa experiencia y lo complejo que intentábamos hacer. Pero hubo una colaboración extraordinaria desde los productores, Lorena Quevedo y Rodrigo Guerrero, pasando por los actores y actrices, con quienes conversamos muchísimo sobre lo que nos proponíamos hacer. Todos el equipo técnico, incluso los compañeros eléctricos habían leído el guión. Sin embargo había mucho miedo de que algo de lo que buscábamos no se percibiera. No es una película fácil, y exige un espectador activo. Afortunadamente, con las primeras proyecciones nos dimos cuenta que todo lo que ofrecíamos en la película, era claramente identificado. Estamos muy felices.

-¿Cuanto crees que influyeron los mitos y leyendas que rondaban en tu pueblo
para elaborar el filme?
– No hay mitos o leyendas en la película, sino más bien, transcripciones casi puntuales de lo que sucede en las localidades más pequeñas, pero también en las grandes ciudades. Solo por citar un ejemplo, las hamacas que se mueven sin motivo aparente, son casos tomados de lugares como Firmat, provincia de Santa Fé. Una ciudad de 20.000 habitantes. La superstición y la ciencia no son un atributo pajuerano. Están en todo el planeta, convivimos a diario con eso.

-¿Cómo se pensó desde el guión la irrupción de lo paranormal en el personaje de Magda?
– Teníamos en claro que nada carecía de explicación, para todo había una explicación. Como la hay en aquellas cosas que a simple vista parecen un misterio. Por mucho tiempo la fe, la religión, o la superstición, suplió el esfuerzo por encontrarle explicación a nuestra existencia, dejando de lado nuestra responsabilidad. Es más fácil decir, como repiten los personajes en la película que “son cosas que pasan”, a tomar posición sobre los hechos y
accionar en consecuencia. Fue también un modo de instaurar el miedo. El miedo paraliza. Y la parálisis abre puertas a que alguien mueva el hilo de nuestras vidas.

-¿Qué nos podrías contar desde el aspecto realizativo o estético de la película?
– Trabajamos mucho con los productores sobre qué tipo de película queríamos. A mí no me interesaba el naturalismo o lo que falsamente se nombra como costumbrismo, más que en el modo de hablar, de darle forma a las conversaciones, los tonos, los acentos de los personajes. La película debía construir un espacio que tuviera una referencia puntual como puede ser el contexto agro-industrial de una pequeña comunidad de provincia, pero sin señalar ni nombrar ninguno. Tanto desde la fotografía (de Santiago Seminara) como en el arte (Lorena Stricker) así como en el uso narrativo del sonido (Julián Grosso/Hernán Conen) sabíamos desde el comienzo que estábamos 10 cm. corridos hacia un posible extrañamiento. El desafío era componer con elementos cotidianos y llevarlos hacia un terreno ominoso o inestable, tratando de reproducir la experiencia de la protagonista en el espectador.

-¿Expectativas
– Que esperamos que vayan todos al cine, es una película hecha para ser apreciada en el cine, como la mayoría creo yo. Pero muy puntualmente esta. Puede interesar o no. De lo que estoy seguro es que no admite términos medios.

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