Sobre series, memorias y presentes apocalípticos: la música de Pete Rugolo

Por Oscar Alvarez

Hay dos  componentes en las series que vamos a citar: la inseguridad de una existencia finita y la amenaza presente a cada instante de ella de la que nos hemos hecho particularmente conscientes. Como Richard Kimble (protagonista de “El Fugitivo”) esperamos una amenaza que no sabemos de donde y cuando vendrá y que descubrirá toda nuestra fragilidad humana. Como Kimble buscamos a un asesino, con pistas difusas, con el destino fatal acercándose quizás antes de que logremos nuestro propósito. Como Paul Brian (protagonista de “Alma de Acero”) sabemos que el camino tiene un límite y conocemos su final. Como Brian tenemos la lucidez de que consumimos el tiempo que nos queda a toda velocidad.

Como los dos protagonistas hoy, como nunca antes, sabemos colectivamente que quizás queda poco tiempo y que es valioso.

Pero hoy vamos a a hablar del compositor musical Pete Rugolo. En realidad quizás hoy, 23-03-20, en la circunstancia de la pandemia mundial que nos rodea hablemos de otra cosa…

Una de las series que llegó en los 60s a nuestras tierras fue “Alma de Acero” (“Run for your Life” en la versión inglesa original). Esta serie tenía un planteo que se resumía a los pocos segundos: su personaje, el exitoso abogado Paul Brian, sufría de una enfermedad mortal e incurable, de la que nunca sabríamos el nombre que lo tendría vital hasta el final (los productores se basaron en un tipo de leucemia), pero era seguro que terminaría con la vida del protagonista, a ese momento el ya entrañable Ben Gazzara (ahí aprendí la palabra prognosis y su significado, la cosa iba realmente mal). Brian-Gazzara se tomaba el asunto muy a pecho pero con mucha calma; él iba a hacer que el tiempo que le quedaba (“seis meses, un año a lo más”) valiera la pena. Por eso y debido a que la vida era un don muy preciado y que al mismo tiempo no hubiera riesgo en perderla porque el final ya estaba determinado, Brian-Gazzara se dedicaba a practicar todo tipo de deporte extremo que encontraba a su paso, toda actividad que lo pusiera en contacto directo con el gozo de la vida. Nosotros lo entendíamos, éramos su cómplices en cada capítulo. Íbamos a conducir con él a arriesgadas carreras de autos, a lanzarnos en paracaídas desde empinadas alturas y quizás la más recordada por mí, aunque no sé si la más peligrosa, a la pesca del pez espada en las costas del Pacífico mexicano (Puerto Vallarta, otro dato geográfico que aprendí en aquella época). Quizás el recuerdo se deba a que parte de la Argentina lo escoltaba en esa aventura en la persona del argentino Fernando Lamas (que un argentino actuara en Hollywood despertaba un extraño orgullo en ese tiempo). Lamas hacía de un bont vivant latino (Ramón da Vega), siempre en la disputa de la presencia femenina de turno (por lo que fuera: el actor, el personaje, la circunstancias del relato, lo económico de producir en México o todo junto hicieron que Lamas volviera a aparecer en 4 episodios más). Sus motivos tenían frecuentemente el egoísmo del gigoló pero siempre en algún momento surgía el mutuo código masculino que ponía las cosas en su lugar. En esos capítulos uno podía sentir el calor del aire en el cuerpo y la brisa del océano mexicano en la cara. Los guiones eran particulares, es cierto que siempre respetaban la existencia de una anécdota dramática central pero esta era compartida en casi igual medida por la sensación del espacio y el clima (podrían haber sido escritos por Sam Peckimpah o Walon Green y su amor a lo salvaje y vital de México)

Gazzara venía de trabajar en la factoría de John Cassavettes de quien había sido compañero y compinche y aplicaba elementos del Método de actuación. Esa formación e influencia le daba una especie de distanciamiento irónico a su personaje,´por lo que interactuaba dentro de la ficción siempre con un extra emocional no declarado, no visible para el espectador pero que este percibía, un distanciamiento que por otra parte materializaba ante el espectador lo que este conocía en el fondo, esa pulsión de vida frente a la muerte cuyos motivos no declaraba ni ante nosotros ni ante quienes compartían argumentalmente sus peripecias.

Pero era el único plano, sobre el que se imprimían los títulos de presentación y cierre, el que se constituía como una metáfora de toda la serie: avanzando a toda velocidad, hacia adelante veíamos una inmensa llanura arenosa, probablemente de un salar producto de un mar desecado, allí se encontraba marcado un vago e irregular trazo, quizás de aceite, que construía la guía del avance de la cámara hacia una montaña que se erguía solitaria al final.

La vida de Paul Brian se consumía a igual velocidad que aquel posible camino y a su fin, esa presencia enhiesta sólo podía significar una única y terminal situación.

Y Pete Rugolo?

Pete Rugolo era el compositor del tema musical de apertura y conclusión. Sobre esa única imagen la música de Pete Rugolo (que en realidad comenzaba con una serie de acordes que remarcaban las palabras del médico y la reacción extraviada de Brian al salir del consultorio donde le confirmaban el diagnóstico) comenzaban con el son de bongoes (un toque latino característico en muchas de las partituras de Rugolo) a un ritmo frenético apoyando el vértigo de la imagen en avance, para desplegar la melodía a través de acordes de vientos (un aire jazzistico marca de fábrica del compositor) que continuaban y reafirmaban el acelerado ritmo de la percusión del inicio y que marcaban la decisión dramática del personaje de vivir esos momentos sin medida del precio que pudieran tener, y que en algún momento eran reemplazados por cuerdas que con la misma melodía y que, a través del atemperamiento del volumen y naturaleza del sonido, hablaban en realidad a través de ese asordinamiento, de la angustia íntima que corroía esa determinación.

Uno tenía la certeza entonces, en imagen y sonido, que el tiempo se escapaba, que había que aprovecharlo hasta último segundo porque allí, a la vista, estaba el fin y nada parecía impedir nuestro fatal avance hacia él.

Otra serie que tuvo en su musicalización a Pete Rugolo fué “El Fugitivo”. La serie de tv, emitida entre 1963 y 1967, tuvo como protagonista a David Janssen en el papel del Dr. Richard Kimble y a Barry Morse en el papel de su perseguidor, el implacable inspector Philip Gerard. Quizás es hoy mas conocida por la película del mismo nombre y tema dirigida por Andrew Davis y protagonizada por Harrison Ford en el papel del Dr. Kimble y Tommy Lee Jones en el papel del inspector Philip Gerard (en el film modificado a Samuel).

La idea de la serie, como siempre en esas épocas, quedaba planteada en una breve exposición en el comienzo del capítulo: el Dr. Richard Kimble ha sido erróneamemte acusado (y condenado a la pena capital) del asesinato de su esposa; el ha visto a un “hombre manco” abandonar la escena del crimen, probablemente el asesino, sin embargo en el juicio que lo condena no puede probar su existencia. Cuando escoltado por Gerard, el tren que lo lleva a la prisión descarrila (“…en esa oscuridad el destino mueve sus hilos”) se inicia una cacería encarnizada que lo va a llevar capítulo tras capítulo, de pueblo en pueblo, adoptando distintos nombres y personalidades, tiniéndose el pelo, forjando amistades y amores sólo esbozados que deberá abandonar rápidamente cuando es descubierto y se haga presente Gerard, obsesionado con su captura.

Richard Kimble es “El Fugitivo” y David Janssen es el protagonista ideal, con su mirada huidiza, misterioso, frágil e inteligente a su pesar, porque sus saberes y habilidades frecuentemente lo delatan, algo fatal para un hombre cuya principal premisa era pasar desapercibido y Janssen siempre daba ese plus impreciso de quien estaba más allá del empleo que ejercía, generalmente una labor poco calificada, para la que se pedían mínimos antecedentes, algo que la circunstancia de Kimble demandaba. Muchos de los capítulos finalizaban con nuestro personaje alejándose en la ruta, buscando un nuevo destino que lo pudiera llevar hacia el asesino manco, con el locutor en off, acompañando con su reflexión última las imágenes finales.

La partitura de Rugolo daba el clima necesario para la circunstancia del personaje, la música atacaba con un punteo de cuerdas veloz que marcaba la instancia de urgencia evasiva que constituía al protagonista, luego, un ataque de vientos, de un tempo mas lento, marcaba el momento en que debía enfrentar la verdad de su identidad o bien cuando ingresaba a un nuevo espacio (y capítulo) con una personalidad recién estrenada, para dispararse de nuevo en un ritmo frenético de cuerdas en fuga literal y metafóricamente.

Esta serie provenía de una productora que en las décadas de los 60 y 70´s estableció su impronta en algunas de las mejores series norteamericanas, la Quinn Martin Productión y ambas tenían el mismo productor: Roy Huggins. En la memoria de muchos quizás surja el logo Q.M. en letra cursiva inglesa, fundamentalmente por una de sus últimas realizaciones: “Las Calles de San Francisco”, aunque también para aquellos que éramos un poco (o quizás del todo) paranoicos por esa serie que constituía la realidad soñada de todas las justificaciones conspirativas: “Los Invasores”. A esta altura algunos ya habrán recordado a los personajes de“Las Calles de San Francisco”, Karl Malden (con sus atemporales piloto y sombrero), un joven Michael Douglas y,  de “Los Invasores” el posteriormente desaparecido de los medios, Roy Thinnes y su mirada desesperada ante un mundo incrédulo (“el sabe que la pesadilla ha comenzado”), todos están en la memoria de aquellos que veíamos esos relatos en la llamada pantalla chica.

Aunque Janssen continuaría su carrera poco mas de una década luego de finalizada la serie (moriría en 1980 de un ataque al corazón) de su filmografía posterior se podría destacar “Aves de Presa” un telefilm con extraordinarias tomas aéreas, en el que su protagonista, un piloto de helicópteros, veterano de guerra, se ve embarcado en una persecución tras unos alados ladrones. En el relato Janssen confinado al rutinario trabajo de cronista radial del tránsito, daba de nuevo, con una interpretación dotada de melancolía, la medida de un personaje atravesado por una angustia existencial.

Pete Rugolo haría, antes y después, otras partituras musicales para distintas series de tv, destacando en particular la de Checkmate (aka Ajedrez fatal) con su inicio de abstractas y plásticas masas en forma de ola, chocando una contra otras, reformulándose permanentemente en el proceso. Tambien está en esta ennumeración Precint 87 (aka Jefatura 87) con Robert Lansing como protagonista y una jovencísima Gena Rowlands como su esposa discapacitada. Y finalmente, y sólo por un jazzistico gusto musical, cito a The Felony Squad con Howard Duff  y Dennis Cole, un policial donde por enésima vez, un experimentado detective guíaba al impulsivo novato.

– “ALMA DE ACERO (“Run for your Life”) – Serie de TV de 85 episodios (1965-1968) Productora: Roncom Films / Universal TV – Dirección: Richard Benedict, Leslie H. Martinson, Michael Ritchie, Leo Penn, Nicholas Colasanto, Stuart Rosenberg, Ben Gazzara, Alf Kjellin, Fernando Lamas – Producción/ Guion: Roy Huggins – Música: Pete Rugolo – Fotografía: Nicholas Musuraca (Cat People, Out of the Past), John L. Russell, William Margulies

1966: Emmy: Nominada a Mejor música y fotografía

1968 – 1967: Emmy: 3 nominaciones, incluyendo Mejor serie dramática

1966 – 1965: Globos de Oro: Nominada Mejor estrella masculina de TV 1967: Nominada a mejor actor en serie de TV (Ben Gazzara)

Algunos de los actores invitados protagonizarían series de tv, films y ganarían o serían nominados a los premios Oscar, Golden Globe y Emmy entre otros, destacamos a:  Barbara Hershey, Gena Rowlands, Robert Duvall, Bruce Dern, Julie Harris, Martin Milner, Peter Graves, Roddy McDowall, Jack Palance, Leslie Nielsen, Katharine Ross, Telly Savalas, Robert Loggia, Tippi Hedren, Susan Strasberg, Barry Sullivan, James Whitmore, Ernest Borgnine, Don Rickles, Sal Mineo, Rossano Brazzi, Joan Collins, Farley Granger, Aldo Ray, Slim Pickens, Anne Baxter, Warren Oates, Celeste Holm, Edward Asner, Cloris Leachman, Paul Lukas, George Macready y Richard Benedict

– “EL FUGITIVO (The Fugitive) – Serie de TV de 120 episodios (1963 –1967)- Género: Drama / Suspenso – Creado por: Roy Huggins – Protagonistas: David Janssen, Barry Morse – Narrado por William Conrad (The KIllers) – Música temática: Peter Rugolo – Productor ejecutivo: Quinn Martin, Alan A. Armer, Wilton Schiller

El Fugitivo fue nominado a 5 premios Emmy y ganó el Emmy por serie dramática en 1966. En 2002, fué incluída como uno de los 50 mejores programas de televisión de todos los tiempos de TV Guide.

Algunos de los actores invitados protagonizarían series de tv, films y ganarían o serían nominados a los premios Oscar, Golden Globe y Emmy entre otros, destacamos a: Robert Duvall, Bruce Dern, Martin Balsam, Charles Bronson, Kurt Russell, Mickey Rooney, Vera Miles, Angie Dickinson, Melvyn Douglas, Edward Asner, Donald Pleasence, Ron Howard, Brenda Vaccaro, Jack Warden, Anne Francis, Gloria Grahame, Lee Grant, Sandy Dennis, Dean Jagger, Brian Keith, DeForest Kelley, Diane Ladd, Kevin McCarthy, Warren Oates, Slim Pickens, William Shatner, Tuesday Weld y William Windom

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