«A Fabrica de Nada» de Pedro Pinho

por Jorge Cappelloni

No es culpa ni mérito nuestro que vivamos en una época en que el apocalípsis del hombre se ha vuelto un suceso cotidiano. No es necesario estar en medio de una tormenta de acero, bajo tortura, en un campo de exterminio, o vivir cerca de tales excesos, para advertir que el espíritu de las situaciones más extremas irrumpe en el proceso más íntimo de la civilización. El destierro de los hábitos de apariencia humanística es el acontecimiento lógico principal de nuestro tiempo, un acontecimiento ante el que es inútil buscar refugio en argumentos de buena voluntad.
Peter Sloterdijk
El hombre operable,Notas sobre el estado ético de la tecnología génica.

El epígrafe del filósofo alemán Peter Sloterdijk podría brindarnos un marco contextual que permita realizar una lectura (de las tantas posibles) del monumental filme “A Fábrica de Nada”premio Fipresci en la Quincena de Realizadores de Cannes 2017 y visto en la 32º edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. 

La opera prima firmada por Pedro Pinho (Lisboa, 1977) pero adjudicada a los integrantes de Terratreme Films,el colectivo audiovisual que fundara, plantea como premisa la ardua y problemática labor de abordar uno de los conflictos centrales del capitalismo: la crisis en el mundo laboral. El trabajo y los trabajadores en el mundo actual, las relaciones y consecuencias devenidas del post-capitalismo: re-estructuración conforme las nuevas tecnologías, flexibilización laboral,flujo de mano de obra,cierre de fábricas,perdida de puestos de trabajo,temor al desempleo,etc. entre otras.

Para ello el film alude a lo sucedido con la crisis financiera vivida en estos últimos años en Portugal y centra la trama en los trabajadores de una fábrica de ascensores y su resistencia ante el desmantelamiento de la empresa por parte de los dueños. Pero hasta aquí la anécdota, porque la película se permite ir mas allá y se constituye en un inmenso alegato que reflexiona sobre el rol del trabajo en la inestables aguas del mundo laboral contemporáneo.

En ese sentido la película resulta un inmenso fresco político donde Pinho a lo largo de sus 178 minutos se permite explorar y no solo tomar como punto de partida el desmantelamiento de la fábrica, sino ahondar y decodificar que sucede en la actualidad con el valor del trabajo y el capital, entender como se componen las nuevas estrategias relativas al empleo o rescatar los clásicos valores del colectivo humano (solidaridad,confraternidad, unión). Y lo hace desde la mirada de los trabajadores que son quienes padecen estas crisis y vaivenes, enfrentándolos dialécticamente con sus dueños.

A Fábrica de Nada aporta ideas, discusiones, reflexiones y más, pues no solo declama sino que se cuestiona el modo de representación audiovisual en que debe abordarse este conflicto laboral. Y es así que apela a ponerlo en escena a modo de un gran collage: las discusiones y pequeñas miserias humanas entre los propios obreros,las interminables horas de espera y guardias en la fábrica ocupada, las catárticas noches de cantante de rock del protagonista ZE (interpretado por el actor José Smith Vargas también responsable de la BSO), las reflexiones de los intelectuales marxistas sobre rol de la nueva izquierda europea, el capitalismo y la autogestión, las voces en off, la banda sonora mezcla de punk furibundo con Fado portugués, el film dentro del film.

En este punto es donde se establece una ruptura y se elige revelar el artificio de la puesta en escena con la intervención del documentalista Daniele Incalcaterra, quien ocupando el rol de un director de cine, aporta su experiencia junto a los obreros de su película FaSinPat (Fábrica sin Patrón,2004), en donde registrara el conflicto en la fábrica de cerámica  “Zanon” ante el abandono de sus dueños y la recuperación por parte de sus trabajadores; todo ello enmarcado en el colapso financiero y económico de la Argentina en el año 2001.

Incalcaterra -¿emulo de Pinho? – participa en las conversaciones, en las asambleas, filma y dirige a los obreros mezcla de actores profesionales con no actores- desde su vida cotidiana y confesiones hasta un musical que componen los operarios, para festejar su alegría una vez que se enteran de un encargo de ascensores que deben ejecutar para la Argentina. Estas escenas entre otras son hallazgos muy lúcidos y lúdicos,ya que otorgan al film una frescura y dinamismo quitándole cierto tono unívoco en el que por momentos cae. Con éstas coreografías del musical se aporta un paisaje de la corporeidad en el tiempo -no en un sentido de expiación personal-, sino en la polifónica presencia de los cuerpos de los obreros: asumen que ellos son para la fábrica y la fábrica es para ellos.

El film navega por los intersticios de la realidad, revelando el entramado que subyace ajeno al deseo y la voluntad de los obreros: es el fin de un cierto paradigma valorativo de la fuerza laboral del hombre,esbozado en conceptos sobre el nuevo cambio en la relación patrón/obrero y la volatilidad del empleo.

La mayoría de nosotros éramos operarios de las fábricas, ya vivíamos esas situaciones y traíamos esas vivencias. Al momento de crear las palabras, venían solas. Ya estábamos en esa situación” afirmaba en el Q&A posterior a la proyección uno de sus actores João Santos Lopes, en su paso por el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

En la película rodada en fílmico (16mm.) resuenan ecos estilísticos y formales del período mas combativo y radical de J. L. Godard en sus “años Mao” junto al grupo Dziga Vertov, baste el ejemplo del film British Sounds (1969), hay algo de Pedro Costa en el manejo del territorio y el espacio con inclinación de nuevo neorrealismo de El Cuarto de Vanda (2000), sin soslayar la influencia de la obra del catalán Joaquim Jordà (*) principalmente en sus documentales Numax presenta (1980) y su continuación en Veinte años no es nada (2005). 

De los múltiples finales posibles, Pinho elige observar sesgadamente en un plano general la vuelta al trabajo como en los viejos tiempos. Pero ahora los obreros regresan a poner en marcha la fábrica bajo su gestión. El regreso de los operarios en su rutina de marcar la entrada, colocarse sus uniformes,poner en funcionamiento nuevamente las maquinarias, ofrece la sensación de que han logrado una pequeña victoria en esta gran batalla que se les plantea.

A Fábrica de Nada es una instantánea que ilumina un resquicio posible, es un film y una opción posible para el trabajador en el horizonte actual del mercado laboral capitalista,lo demás aún resta construirse.

(*) Para ahondar en la obra de Jordá ver el articulo escrito por Daniel L. Serrano: JOAQUIM JORDÀ: El documental en el cine actual)

Este texto con algunas modificaciones fue publicado originalmente en la revista digital española «El Tornillo de Klaus».

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