Ser y estar, el mito de Ícaro y los asesinos seriales

Por Oscar A. Alvarez

Vivimos en una cultura donde, no casualmente, permanentemente se confunde el “ser” con el “estar”. En general se ha impuesto una mirada “operativa” sobre el hacer y el pensar. El llevar algo adelante debe tener un propósito práctico, no es posible imaginar llevarlo a cabo si este no está presente. Habría que reflexionar que mucho del conocimiento existente se llevó adelante sin saber exactamente cual sería el resultado y mucho menos, por lo mismo, su aplicación práctica. Fueron motorizados por la curiosidad terrenal de esclarecer un mundo complejo y muchas veces de imposible definición para la mente humana. (1)

La ciencia lo resolvió generando dos tipos de clasificación: la Ciencia de Base y la Ciencia Aplicada. La primera se lleva adelante por el conocimiento en si mismo y la segunda con un objetivo práctico. La mayoría de las veces la segunda se basa en la primera, y eso debería hacernos reflexionar sobre la “falta” de objetivo que tiene el tratar de conocer algo, sólo por conocerlo unicamente.

No sabemos y queremos saber más. Casi diría, la más pura expresión de nuestra perplejidad ante los misterios de la existencia y el Universo y de nuestro, a menudo inútil, intento de desentrañarlos. Algo constitutivo de la naturaleza humana en definitiva.

De una manera oblicua el género policial materializa, en el contexto de lo cotidiano, la dualidad misterio y esfuerzo esclarecedor; el no saber y el intentar hacerlo. Y el Policial Negro, en particular en el relato cinematográfico, acentúa las incapacidades de lo humano: en la naturaleza de sus criminales, en el sino fatal que los determina, agregando la incertidumbre y las debilidades de aquellos que intentan desentrañar el misterio y el contexto social que define las conductas o los componentes políticos y económicos que las generan. Pero aún así, con todo su objeto y contexto remarcando lo sombrío de las historias, en este género hay soluciones que, por amargas que sean, finalmente terminan resultando tranquilizadoras. Se concluye conociendo al criminal y la mayoría de las veces las razones de su proceder.

Tal sería el caso de “Psicosis” (Psycho, Dirección Alfred Hitchcok, intérpretes: Anthony Perkins, Janet Leigh, Vera Miles, Martin Balsam, John Gavin – 1959 -) que, aunque no ingresaría directamente en la calificación de policial negro, si plantea una trama criminal (el relato original de Robert Bloch está basado en la historia de Ed Gain, un asesino serial con características similares a la del protagonista) y una estética afín (aquí emparentada con el cine de terror), donde se plantea el misterio de asesinatos, cuya complejidad aberrante es “explicada” al espectador en uno de los diálogos finales. Osea, aún lo inhumano puede ser dilucidado por lo humano, y así el mal, al fin y al cabo, puede ser analizado, acotado y conjurado por el hombre. (2)

Hay otros casos, más acá en el tiempo donde ya no es necesaria dar esa “anteúltima tranquilidad” a los espectadores, sería el ejemplo de “Los Sospechosos de Siempre” (The Usual Suspects, Dirección Brian Singer, intérpretes: Kevin Spacey, Gabriel Byrne, Benicio del Toro, Chazz Palmentieri, Stephen Baldwin – 1995 -). En ella un, también extraordinario, criminal lleva adelante su raid asesino a través de un compleja y cronométrica trama para sorprender finalmente a la audiencia con una explicación de la que pocos en el relato tendrán conocimiento y certeza y en donde el “mal” triunfa. Aún así, esa solución “calmará” la inquietud de los espectadores, enfrentados hasta ese momento a un enigma sin resultados visibles. Todavía es posible discenir en la difícil realidad, los males e interrogantes que la incomodan, aunque ya no se los pueda impedir.

Sin embargo en la vida… en la vida a menudo las soluciones límpidas no existen. Porque la realidad (social, política, económica, histórica) no permite desentrañarlas en toda su complejidad y verdad. A estas excepciones en los relatos fílmicos, las llamaría: “Los desconciertos de lo indecifrable”.

La primer película a considerar en este grupo agrega el peso de estar basada en hechos reales, se trata de “Memorias de un asesino” (dirección Bong Joon Ho, intérpretes: Song Kang-ho y Kim Sang-kyung – 2003 – ) En élla, el ganador del Oscar (Parasite – 2019 -) enfrenta a dos disímiles investigadores con el que se conoció como el “Primer Asesino en Serie de Corea”. La investigación llevó al encarcelamiento, en uno de los casos, de un hombre disminuido física e intelectualmente que confesó el crimen a raíz de la coacción policial. El verdadero y muy posteriormente confeso asesino, aunque fué encarcelado por uno de los homicidios, sólo pudo ser verdaderamente descubierto en 2019, cuando ya estaba libre, en parte por la presión que generó la película sobre la dilucidación de la serie de muertes, y en parte por la existencia de más modernas técnicas criminológicas (en particular las pruebas de ADN) pero, en una ironía del destino, no se lo pudo condenar porque los crímenes ya estaban prescriptos (esto llevó a modificar los tiempos de prescripción, obviamente para los casos posteriores). De nuevo la perplejidad de lo humano y sus limitaciones ante lo arcano de la realidad.(3)

El segundo film que habla de este empecinamiento en el desencanto que muchas veces genera la búsqueda de la verdad, también se apoya en hechos de la realidad. Se trata de “Zodíaco” (Zodiac – 2007 – ) de David Fincher, protagonizada por Jake Glickenhall, Robert Downey Jr., Mark Ruffalo, Brian Cox, Elias Koteas y Anthony Edwards entre otros. A fines de los 60´s y principios de los 70´s la ciudad de San Francisco (EEUU) sufrió una serie de asesinatos no resueltos, el asesino se comunicaba a través criptogramas en cartas a los medios, que firmaba con el pseudónimo de Zodíaco. Los hechos posteriores terminarían “condenando” a algunos de los investigadores: en la policía a uno de los detectives a cargo sería acusado de “plantar” pruebas falsas (una supuesta carta del asesino) y removido de su cargo. En los medios, un periodista que seguía el caso, sería amenazado directamente por Zodíaco, lo que lo llevó a adoptar precauciones durante un buen tiempo en su vida diaria y consecuentemente vivir en la incertidumbre esos años. La identidad del asesino permanece sin ser descubierta hasta nuestros días, más allá de las afirmaciones realizadas sobre algunos sospechosos y aún cuando se reabrió la investigación en 2007, contando ahora con técnicas investigativas más modernas. Una coda referida al cine es que se decodificó que el verdadero asesino en uno de sus criptogramas alude a “El Juego más peligroso”, relato de Richard Connell, llevado a la pantalla varias veces, algunas de ellas con el nombre original del relato. En el mismo, un aristócrata aburrido de una vida sin estímulos, destina una isla a ser un coto de caza humano. La referencia era a todas luces obvia y acentuaba el misterio sobre los asesinatos. Misterio que continúa y habla nuevamente de la imposibilidad humana de esclarecer un universo muchas veces oscuro e indescifrable. (4)

La última película es “Código de Honor” (en el original “The Pledge” o “El Juramento” – 2001 – ), dirigida por Sean Penn e interpretada por Jack Nicholson, Helen Mirren, Benicio del Toro, Vanesa Redgrave, Sam Shepard, Patricia Clarkson, Robin Wright entre otros y basada en la novela de Friedrich Durrenmatt “La Promesa”. En ella, Jerry Black (Nicholson) es un maduro detective de la policia en los últimos días de actividad previos a su jubilación. La celebración por su despedida es interrumpida por la noticia del asesinato de una niña. Jerry se comprometerá vitalmente en la investigación al prometer hallar al asesino a la madre de la víctima. Conteste con esa promesa, no ahorrará recurso, aún los más innobles, para tratar de desenmascarar a un asesino cuya identidad presume pero no puede demostrar. En eso se le irá la vida, inclusive una promesa de renovación de la misma, en el poco futuro que le queda. Y al final lo vemos desvariando, hablando sólo y fabulando detenciones que no produjo. Porque la verdad profunda de las cosas, otra vez se vuelve inasible para lo humano y puede llevarnos a la enajenación.

En todas ellas vemos un sino trágico en los destinos de las víctimas pero también en la suerte de las investigaciones, los investigadores y algunas veces de los propios investigados. Acercarse a develar el misterio es acercarse peligrosamente a la propia destrucción, aproximarse supone exponerse al fuego de la verdad. Y como Ícaro ser destruído por él.

Porque, que misterio más grande que el de la muerte? Aquel que termina con el ser y con el estar. Hablamos de asesinato, el hecho que acaba con todas las dudas y paradójicamente las inicia. Porque develar la verdad del crimen, sus formas, sus vías, sus propósitos y causas, en alguna medida es revelar partes sustanciales de la existencia humana. Ese misterio de los misterios, plantea en su contracara el interrogante de la propia existencia, sus propósitos y destinos, sus límites y potencialidades, sus luces y sus sombras.

Quien haya visto la serie “Mindhunter” (Dirección: David Fincher, Asif Kapadia, Tobias Lindholm y Andrew Douglas – Protagonistas Jonathan Groff y Holt McCallany – 2019 -) se acerca a tener una dimensión de la vastedad y complejidad de los interrogantes que surgen. La serie se centra en las actividades de dos agentes del FBI, quienes realizan una sucesión de entrevistas a asesinos en serie, tratando de codificar sus conductas y motivaciones, en un intento de resolver casos de similares características. (5)

En definitiva, cuanto tiene la pesquisa criminal de búsqueda en la naturaleza del hombre?, de investigación sobre la ontología de lo humano?, de su ser profundo, interviniendo sobre los orígenes, procederes y propósitos de un ser y un estar que se manifiesta a todas luces conflictivo.

Esa es en definitiva la pesquisa final: indagar que es y que hay en el hombre. Quizás aquí ya podamos plantearnos sin afeites la investigación de las investigaciones. Y ahí surge el alfa y el omega del cine, la película donde probablemente todo comienza y todo termina: “El Ciudadano” (Citizen Kane, dirección: Orson Welles, intérpretes: Orson Welles, Joseph Cotten, Agnes Moorehead Everett Sloan, Dorothy Comingore, Ruth Warrick, Ray Collins – 1941 –) Basada mayormente en la figura de William Randolph Hearst (también una fuente de la realidad, aunque existieron otras inspiraciones del mismo origen) el Charles Foster Kane de El Ciudadano, no por casualidad comienza con la muerte de su personaje (aquí sin que medie un acto criminal). La última palabra que pronuncia (Rosebud, quien la escucha?) dispara el misterio de toda una existencia, si es posible que una única palabra la concentre. Y ahí se inicia la investigación (una vez más) esta vez periodística, no criminal, aunque la forma no difiera en lo sustancial: querer saber quien era Kane (Cain?), cuales eran sus propósitos, cuales eran sus motivos, cuales sus procederes. Arduo debe haber sido para Hearst, al ver la película por primera vez, enfrentarse con todo aquello que era sin contemplaciones ni maquillajes. Hay testimonios de que realmente así fué y de allí el encono con que luego trató de evitar el estreno del film y su posterior recorrido comercial y artístico. La verdad puede destruir a quien es objeto de ella y también a quien la formula (la carrera de Welles nunca más contaría con los recursos que tuvo en su primera película).

Pero Welles tuvo el genio de no enmascarar su búsqueda, porque, averiguar quien y que es un hombre, y también porque lo es, es averiguarlo para todos los hombres. Y tuvo también el talento para darnos una respuesta, válida para el relato, cerrándolo y tranquilizando a los espectadores (y al estudio) pero dejándola lo suficientemente abierta como para que comprendamos que es insuficiente y que el enigma continúa. Como en los relatos policiales. (6)

Finalmente el conflicto que nos proponen estas conductas es que resultan de un estar en la realidad perturbado, una condición cuyos efectos sólo pueden ser socialmente conjurados si conseguimos adentrarnos en un ser criminal y allí hallar las respuestas que necesitamos.

Muchas veces los relatos policiales nos hablan más allá de su anécdota y nos dicen que en algunas oportunidades las investigaciones sin sentido son las que más lo tienen, aunque la búsqueda de la verdad amenace con destruirnos con sus resultados y que a menudo las respuestas sean erróneas, sobre todo tratándose de asesinos seriales, porque, como dijo Baudelaire: “El mayor truco del diablo es hacernos creer que no existe”.

Referencias:

(1) To be (inglés – verbo): Ser o Estar

(2) Edward Theodore Gain, asesino serial y ladrón de tumbas de Plainfield, Wisconsin. En 1957, con dos asesinatos de mujeres probados, las autoridades descubrieron que había exhumado cadáveres de cementerios locales, creado trofeos y recuerdos con sus huesos y piel, por lo que la cantidad total de sus víctimas queda en la especulación.

(3) Lee Chun-jae asesino en serie surcoreano condenado por el asesinato de su cuñada en 1994 y quién luego al quedar libre por esa muerte, confesó haber asesinado a otras 14 personas cuando ya no era posible la condena al haber prescripto los crímenes.

(4) El asesino del Zodiaco fue un asesino en serie que acechó el norte de California (Estados Unidos) entre diciembre de 1968 y octubre de 1969. En una carta, presuntamente suya, confesó el asesinato de 37 víctimas, aunque las únicas confirmadas fueron diez hombres y tres mujeres. La identidad del asesino sigue siendo una incógnita.

(5) Mindhunter” serie basada en Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit, libro de no ficción escrito por el exagente del FBI John E. Douglas y Mark Olshaker, que detalla como Douglas desarrolló el «perfil de personalidad criminal» sobre asesinos en serie, durante décadas de entrevistas a asesinos seriales conocidos.

(6) William Randolph Hearst (EEUU, 1863 – 1951) Empresario, político y magnate de los medios. Acusado de xenófobo, pronazi y partidario de la caza de brujas, integró la Cámara de Representantes y además se apunta que habría instigado el asesinato del presidente McKinley. Es conocida su relación con la actriz Marion Davies, a la que promocionó en el cine. Existen versiones de que en una fiesta la encontró besándose con Charles Chaplin, le disparó a este y, por error, mató al director de cine Thomas Ince, ocultando el asesinato para que las autoridades no conocieran nada del mismo. (Cain?, el crimen, otra vez)

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